Los pudieron haber distanciado tantas cosas, algo tan mierda como miles de kilómetros y en el supuesto final lo único que los acabó fue ella, quizás.
Millones de memorias se evocan a su cuerpo cuando le recuerda, sus dedos se vuelven hambrientos de letras y sus ojos de oraciones elaboradas, más aún si es cuando está frente a ese cuadrado luminoso. Es inevitable, lo ha intentado por mucho tiempo y no logra concentrar el deber hacerlo (porque dicen que el querer es poder).
Recapacita y se queda mirando fijo al cielo que no tiene nada mucho nuevo, las mismas nubes, las mismas estrellas, el mismo sol. Recapacita, de nuevo, y se quedo mirando fijo su primer encuentro, nunca se permitió hacer lo que hizo, él... era singular, era ella.
A medida que los días en el calendario computarizado avanzaban él estaba ahí, siempre. Íconos diferentes, y acontinuación su ventana, siempre fue así. A veces el tiempo complicaba aún más su conexión pero la hizo más fuerte y nadie, ni dios, puede quedar ajeno a eso.
Un lazo invisible los unía infinitamente aunque sus vidas se separaban, cuando construían paralelos pero que a su vez construían maquetas inconcientes del sueño que los inundaba en las noches.
Nunca será necesario un ver para creer.
Guardó muchos archivos en sus documentos que casi colapsa el sistema, no lo hizo.
Ya después de ochocientos días no podía más, era parte de ella, era su energía, era su apoyo, era lo que más extrañaba necesitaba y quería, era lo que le resultaba ser inmortal, y bueno, era su todo si soy honesta. Te quería a su lado. Todos los deseos de cumpleaños, de pestañas caidas, de estrellas perdidas, todos eran de él. Pensaba que si lograba alcanzarlo absolutamente todo iba a ser posible.
La oscuridad de su cerebro, o lo que se puede llamar también la cruda verdad, le acechaba y no tardó en asustarlos, no fue negativo, de hecho, luego de mucho pensarlo se lanzaron sin recordar lo que pensaban, una noche vomitaron sus sentimientos y todo parecía aún más irreal. Lo que sucedía era verdad (se estremece), se amaban como nunca.
Querían desahogarse y era inútil. Necesitaban saciarse de alguna forma: llamados telefónicos, mensajes de cualquier tipo, canciones, conversaciones infladas de amor. Nada podía superar eso, nada, un mundo fantástico y vino el futuro; las imágenes parecían aún no sintonizar con la página de esta historia.
Las expectativas crecían, cambiaban, se modificaban, permanecían. Era en extremo difícil vivir de esa manera, las lágrimas venían solas, la desilusión, y el miedo, el maldito miedo. Recuerdo cuando anunciaron el posible fin del mundo y ellos aún no llegaban a la meta, no quedó nada más que ella decirle todo lo que lo amaba y dormir feliz por haber oido su voz. Llegó el amanecer, y con él la esperanza. El miedo no se iba, pasaban los meses y ella lo quería de una forma inexpresable.
Yo no sé qué quiso el universo con ellos dos, me cuesta decir qué fue lo que pasó. Ella tomó otro camino y él estuvo de acuerdo, al fin y al cabo era lo mejor que podían hacer para detener lo que les cortaba las venas y el aire. Además de que sus almas gemelas nunca morirían, era su garantía.
Millones de memorias se evocan a su cuerpo cuando le recuerda, sus dedos se vuelven hambrientos de letras y sus ojos de oraciones elaboradas, más aún si es cuando está frente a ese cuadrado luminoso. Es inevitable, lo ha intentado por mucho tiempo y no logra concentrar el deber hacerlo (porque dicen que el querer es poder).
Recapacita y se queda mirando fijo al cielo que no tiene nada mucho nuevo, las mismas nubes, las mismas estrellas, el mismo sol. Recapacita, de nuevo, y se quedo mirando fijo su primer encuentro, nunca se permitió hacer lo que hizo, él... era singular, era ella.
A medida que los días en el calendario computarizado avanzaban él estaba ahí, siempre. Íconos diferentes, y acontinuación su ventana, siempre fue así. A veces el tiempo complicaba aún más su conexión pero la hizo más fuerte y nadie, ni dios, puede quedar ajeno a eso.
Un lazo invisible los unía infinitamente aunque sus vidas se separaban, cuando construían paralelos pero que a su vez construían maquetas inconcientes del sueño que los inundaba en las noches.
Nunca será necesario un ver para creer.
Guardó muchos archivos en sus documentos que casi colapsa el sistema, no lo hizo.
Ya después de ochocientos días no podía más, era parte de ella, era su energía, era su apoyo, era lo que más extrañaba necesitaba y quería, era lo que le resultaba ser inmortal, y bueno, era su todo si soy honesta. Te quería a su lado. Todos los deseos de cumpleaños, de pestañas caidas, de estrellas perdidas, todos eran de él. Pensaba que si lograba alcanzarlo absolutamente todo iba a ser posible.
La oscuridad de su cerebro, o lo que se puede llamar también la cruda verdad, le acechaba y no tardó en asustarlos, no fue negativo, de hecho, luego de mucho pensarlo se lanzaron sin recordar lo que pensaban, una noche vomitaron sus sentimientos y todo parecía aún más irreal. Lo que sucedía era verdad (se estremece), se amaban como nunca.
Querían desahogarse y era inútil. Necesitaban saciarse de alguna forma: llamados telefónicos, mensajes de cualquier tipo, canciones, conversaciones infladas de amor. Nada podía superar eso, nada, un mundo fantástico y vino el futuro; las imágenes parecían aún no sintonizar con la página de esta historia.
Las expectativas crecían, cambiaban, se modificaban, permanecían. Era en extremo difícil vivir de esa manera, las lágrimas venían solas, la desilusión, y el miedo, el maldito miedo. Recuerdo cuando anunciaron el posible fin del mundo y ellos aún no llegaban a la meta, no quedó nada más que ella decirle todo lo que lo amaba y dormir feliz por haber oido su voz. Llegó el amanecer, y con él la esperanza. El miedo no se iba, pasaban los meses y ella lo quería de una forma inexpresable.
Yo no sé qué quiso el universo con ellos dos, me cuesta decir qué fue lo que pasó. Ella tomó otro camino y él estuvo de acuerdo, al fin y al cabo era lo mejor que podían hacer para detener lo que les cortaba las venas y el aire. Además de que sus almas gemelas nunca morirían, era su garantía.

(...)
Me restringo la ida hacia aquel pasillo de mi mente, son la memoria del terremoto grado infinito en la escala de Richter de mi vida. Sólo se puede decir que...
"How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd"
"How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd"
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