Se pregunta cómo se verá su rostro en mentes ajenas, cómo le verán, cómo le recordarán, cómo le pensarán. Se lo preguntó de manera insistente, y ahora se pregunta si eso habrá sido el causante de lo que pensaba era una maldición. Se pregunta si es el destino o su propia cabeza jugandole en contra. Se pregunta si existirá el minuto en el que deje de existir lo que le perturba hace ya mucho tiempo. Se pregunta qué pasaría en varias situaciones específicas. Se pregunta si sentirá algo parecido o mayor de nuevo. Se pregunta si es verdad eso que dicen, si es verdad lo que le dijieron, si es verdad lo que oyó, si es verdad lo que vió, se pregunta si algo fue verdad. Se pregunta si los tiempos le calzarán. Se pregunta si alguien más estará haciéndose estas preguntas. Se pregunta qué será de su persona, que será de su ente favorito, qué será de su narrador, qué será de su historia. Se pregunta cuándo dejará de preguntarse, cuándo le dejará de importar lo que no tiene importancia en tiempo presente. Se pregunta si es culpable, se pregunta si así es la vida y no hay más vuelta que darle. Se pregunta si existirán respuestas. Y se pregunta siempre si en algún momento sus expectativas y la realidad se encontrarán y encajarán.
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